SODALITAS INTERNATIONALIS PASTOR ANGELICVS (SIPA) est coetus an. Dñi. MXMVIII conditus ad personae operisque Pii PP XII cognitionem promovendam et augendam. La SODALITAS INTERNATIONALIS PASTOR ANGELICVS es un grupo fundado en 1998 para fomentar y aumentar el conocimiento de la vida y la obra del papa Pío XII.
29 de agosto de 2011
Oremos por Sor Margherita Marchione
22 de agosto de 2011
El Venerable Pío XII instituyó la fiesta del Inmaculado Corazón de María del 22 de agosto
Al gran papa y doctor mariano, el venerable Pío XII, consagrado obispo –no por pura casualidad– el 13 de mayo de 1917, día de la primera de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima y devotísimo de la advocación bajo la cual
Die 4 Maii 1944.
14 de agosto de 2011
Venerable Pío XII, "Doctor Marianus": el papa de la Asunción
por el Venerable Pío XII, el 1º de noviembre de 1950
30 de julio de 2011
1 de julio de 2011
"L'Osservatore Romano", proyecto de Marcantonio Pacelli, abuelo de Pío XII, cumple 150 años

El primer número de L'Osservatore Romano salió en la Urbe el 1º de julio de 1861, pocos meses después de la proclamación del Reino de Italia (17 de marzo de 1861). La finalidad de la publicación era claramente apologética, para defender el Estado Pontificio, y sus objetivos eran polémico-propagandísticos. El diario tomó el nombre de una hoja privada anterior (5 de septiembre de 1849 - 2 de septiembre de 1852), dirigida por el abad Francesco Battelli y financiada por un grupo católico legitimista francés.
El nacimiento de L'Osservatore Romano está estrechamente vinculado con la derrota bélica sufrida por las tropas Pontificias en Castelfidardo (8 de septiembre de 1860). Después de ese acontecimiento, mientras el poder temporal del Pontífice quedaba muy reducido en su extensión territorial y en toda Europa no parecía existir una potencia dispuesta a defenderlo, gran número de intelectuales católicos comenzaron a llegar a Roma con el firme deseo de ponerse al servicio de Pío IX.
Por ello, las autoridades Pontificias, decididas a reconstituir el status quo ante, comenzaron a pensar en una publicación diaria de índole privada, que saliera en defensa del Estado Pontificio y de los principios que promovía.
Ya desde el 20 de julio de 1860, el Ministro sustituto de Interior, Marcantonio Pacelli, quería que al boletín oficial Il Giornale di Roma se le añadiera una publicación polémica y aguerrida de índole oficiosa que llevara el nombre de L'Amico della Verità. La elaboración del proyecto requirió tiempo y es probable que llegara a oídos del marqués Augusto Baviera, conocido publicista, conciudadano de Pío IX, que ese mismo verano (el 19 de agosto) había solicitado licencia para publicar un periódico bisemanal -más de cultura que de política-, que debería tomar el antiguo nombre de L'Osservatore dirigido por Battelli.
En los primeros meses de 1861, vino a pedir ayuda al Gobierno pontificio un famoso polemista de Forlì, Nicola Zanchini. A éste y a otro exiliado, el activo periodista Giuseppe Bastia, que había llegado de Bolonia, les fue concedida la dirección del periódico proyectado por Pacelli. El 22 de junio de 1861, el Ministerio Pontificio de Interior, a cuya competencia estaba la Prensa, recibió un manuscrito firmado por los suplicantes Zanchini y Bastia, que solicitaban el permiso de publicación. Dos días después, la propuesta se estaba ya discutiendo en Consejo de Ministros. Finalmente, el día 26, en la audiencia pontificia, Pío IX concedía su asentimiento al "Reglamento" de L'Osservatore.
He aquí algunos de sus artículos:
Art. 1: El diario concedido a los señores abogados Nicola Zanchini y Giuseppe Bastia tendrá como título -L'Osservatore Romano- y será publicado con números progresivos, con los que se puedan formar volúmenes. Su publicación tendrá lugar los días y horas establecidos en el correspondiente Manifiesto de asociación, en el que se especificarán también el formato del papel, la calidad de los tipos, el precio y las demás condiciones de dicha asociación.
Art. 2: El fin que ha de buscar dicho diario es:
1 - Desenmascarar y refutar las calumnias que se lanzan contra Roma y contra el Pontificado Romano.
2 - Dar a conocer los acontecimientos más destacados que sucedan en Roma y fuera de ella.
3 - Recordar los principios inmutables de la Religión católica y los de la justicia y del derecho, como bases inconmovibles de toda vida social ordenada.
4 - Instruir en los deberes para con la patria.
5 - Suscitar y promover la veneración al Augusto Soberano y Pontífice.
6 - Recoger e ilustrar todo lo que en las artes, las letras y las ciencias valga la pena señalar al público, y especialmente las invenciones y aplicaciones relativas, que se realicen en los Estados Pontificios.

El primer número del diario se presentaba así al lector: en la cabecera aparecía el lema: "L'Osservatore Romano - diario político-moral", precio de un número 5 bajocchi. Luego se explicaban los "pactos de la asociación" para quien quisiera suscribirse.
Un poco más abajo se hallaban el "Aviso" a los posibles asociados y el artículo de fondo, que llevaba por título "L'Osservatore Romano a sus lectores", y que era una dura arenga contra la política de Cavour, que acababa de fallecer.
Los primeros números se componían de cuatro páginas, en las que se trataban todos los asuntos polémicos que caracterizarían la "línea editorial" durante mucho tiempo.
Al final de 1861, eliminado el subtítulo "diario político-moral", aparecieron bajo la cabecera los lemas unicuique suum y non praevalebunt, presentes hasta la fecha.
Al comienzo, L'Osservatore no tuvo ni siquiera una sede: los primeros redactores -como Bayard de Volo, Anton Maria Bonetti, Ugo Flandoli, don Nazareno Ignazi, Costantino Pucci, Paolo Pultrini, Telesforo Sarti- se reunían en la tipografía de los Salviucci, en la plaza de los Santos Apóstoles, n. 56, donde se imprimía el diario. Sólo desde 1862 la redacción tuvo su sede en el palacio Petri, en la plaza de los Crociferi, donde poco después se establecería la tipografía propia. El primer número se imprimió allí el 31 de marzo, fecha en que a la cabecera se le añadieron las palabras Giornale quotidiano.
El 30 de junio de 1865 los dos abogados Zanchini y Bastia cedieron la propiedad, aunque el cambio entró en vigor sólo al inicio del año siguiente, al marqués de Baviera. éste, en los primeros meses de dirección, contó con la colaboración del boloñés Giovan Battista Casoni que, en 1890, se convertiría en director único. El diario se presentó inmediatamente con un programa de vanguardia y con un espíritu de independencia y se enzarzó en ásperas polémicas con otras publicaciones italianas y extranjeras, defendiendo a la Iglesia y los principios del derecho humano.
En su primer decenio de vida L'Osservatore Romano dedicó mucho espacio a los asuntos de política internacional, incluida la "Cuestión romana". Casi nunca se discutían problemas puramente políticos; más bien, se destacaban la justicia o injusticia de actos públicos y sus consecuencias para la religión católica y para la moral de la sociedad. También los temas de índole religiosa, eclesiástica y económico-social, encontraban espacio en la primera página. De esta forma, pronto el diario se caracterizó como "espejo leal y bastante completo no sólo de las opiniones y de los deseos de la mayoría de los católicos romanos, sino también de las opiniones y deseos -al menos en sus formas exteriores y públicas- del mismo Gobierno del Papa".
Con la Brecha de la Puerta Pia (20 de septiembre de 1870), L'Osservatore Romano dejó de ser órgano "semioficial" del Estado Pontificio y se convirtió en un diario de oposición dentro del reciente y ampliado Reino de Italia. Después de cerca de un mes de suspensión, el diario reanudó su publicación el 17 de octubre. En esa ocasión ofreció en primera página una declaración de obediencia al Papa y de total adhesión a sus directrices, reafirmando que permanecería fiel "al inmutable principio de religión y de moral del que se reconoce único depositario y defensor, el Vicario de Jesucristo en la tierra". En el clima particularmente ardiente de esos años, el diario fue secuestrado varias veces, pero nada impidió a los redactores reanudar su combate de fe y de ideas. Más aún, pronto L'Osservatore Romano comenzó a sustituir al Giornale di Roma, el órgano oficial del Estado Pontificio, en la comunicación de noticias oficiales relativas a la Iglesia. Eso aconteció de forma más evidente bajo el pontificado de León XIII, que adquirió la propiedad del diario y, desde 1885, lo convirtió en el órgano de información de la Santa Sede.
Marcantonio Pacelli, ministro del Interior del beato Pío XII,
29 de junio de 2011
Dom José dos Santos Garcia, obispo emérito de Porto Amélia (+) y el venerable Pío XII
El 11 de diciembre de 2010 fallecía en la feligresía portuguesa de Cucujães (Aveiro) Su Excelencia Reverendísima Dom José dos Santos Garcia, obispo emérito de Porto amélia (Pemba) en Mozambique.
Nació en Aldeia do Souto (Beira Baixa), el 16 de abril de 1913. Ingresó em La congregación de los Misioneros de Buena Nueva (Missionários da Boa Nova) y fue ordenado sacerdote el 25 de julio de 1938. Fue destinado al ministerio de formación en diferentes seminarios portugueses hasta que el 31 de diciembre de 1955 llegó a Mozambique, enviado por sus superiores. En la entonces colonia portuguesa trabajó denodadamente en la Misión del Mutuáli de la diócesis (hoy archidiócesis) de Nampula, considerada la más pobre y de Mozambique. Allí construyó una iglesia, dos internados (uno masculino y otro femenino) y un centro de salud. Fue, además, el formador del primer clero autóctono mozambiquense.
El apostolado del Padre dos Santos Garcia llamó la atención de la Jerarquía y el 5 de abril de 1957 el venerable Pío XII lo preconizaba obispo de Porto Amelia (hoy Pemba), siendo consagrado el 16 de junio siguiente por el cardenal Teodosio Clemente de Gouveia, arzobispo metropolitano de Lourenço Marques, asistido por los obispos Dom Manuel de Medeiros Guerrero de Nampula y Dom Francisco Nunes Teixiera de Quelimane como co-consagrantes. Su labor pastoral prioritaria consistió en la formación del clero y de los laicos y la implantación de la vida religiosa en Mozambique, promoviendo las vocaciones indígenas. En esta línea, erigió seminarios y escuelas de catequistas y fundó la primera congregación mozambiqueña: la de las Hijas del Inmaculado Corazón de María. También se beneficiaron de su celo apostólico las misiones, que organizó dotándolas de una estructura cuidada y eficaz, en el espíritu de la gran encíclica Fidei donum del venerable Pío XII.
Desgraciadamente, vio cómo, en el período de la guerra de independencia, ésta sembraba la división entre los fieles de su diócesis, la que tuvo que abandonar forzado por los enemigos de la presencia portuguesa en 1974. No pudiendo retornar a su sede, dio su dimisión el 15 de enero de 1975, siendo sucedido por el obispo mozambiqueño Dom Januário Machaze Nhangumbe. Dom José dos Santos Garcia colaboró entonces con la diócesis de Guarda, sufragánea del Patriarcado de Lisboa, donde se dedicó a enseñar Misionología a los seminaristas. Desde allí también hacía cuanto podía por aliviar materialmente los sufrimientos de Mozambique, país del que sentía una gran nostalgia.
A los 85 años se retiró a su ciudad natal, donde, sin embargo, se mostró incansable en la restauración de iglesias y capillas. También se dedicó a escribir, publicando libros como Alicerce e Construção duma Igreja Africana; Diário do Mutuáli; Evangelização de Cabo Delgado e Notas para a História da Paróquia de Aldeia do Souto. Em 2006, AL cumplir 90 años, La ciudad de Covilhã, circunscripción a la que pertenece Aldeia do Souto, lo distinguió con la medalla cívica.
Su última intervención pública fue con motivo de la visita del papa Benedicto XVI a Fátima. El 12 de mayo de 2010, el obispo emérito de Porto Amélia se desplazó, no obstante lo delicado de su salud, para asistir a las vísperas solemnes que tuvieron lugar en la iglesia de la Santísima Trinidad, donde el Papa saludó afectuosamente e impartió la bendición apostólica a este venerable prelado preconizado por su predecesor el papa Pacelli y que era uno de los más ancianos y antiguos obispos de la Iglesia Católica.
Hacia el final de sus días fue llevado al seminario de la Inmaculada Concepción de Guarda, donde le cuidaron con esmero y cariño, siendo trasladado en sus últimas horas a Cucujães, donde falleció y en cuya iglesia parroquial fueron oficiadas sus exequias el 13 de diciembre de 2010.
Dom José dos Santos Garcia tenía un recuerdo imborrable del papa que lo hizo obispo y cuyas enseñanzas tanto le ayudaron para desarrollar su gran obra misionera. En cuanto el SODALITIVM INTERNATIONALE PASTOR ANGELICVS se puso en contacto con él, tuvo a bien responder amablemente no obstante hallarse delicado de salud, según documentamos en esta nota. Que Dios le haya premiado su bondad.
27 de junio de 2011
El embajador de Israel ante la Santa Sede aboga por Pío XII

El pasado jueves 23 de junio, a las 11 de la mañana, en el Centro Don Orione de Roma, el Excmo. Sr. Mordechay Lewy, embajador de Israel ante la Santa Sede, hizo entrega de la Medalla de los Justos entre las Naciones, al R.P. Flavio Peloso, superior general de la congregación de Hijos de la Divina Providencia, para honrar a título póstumo a un benemérito orionino: el P. Gaetano Piccinini (1904-1972), el cual, desde su cargo como rector del Instituto Pontificio Escolástico San Felipe Neri, en el barrio Appio de Roma, se prodigó en los terribles días de la ocupación nazi de Roma durante la Segunda Guerra Mundial, aun a riesgo de su propia vida, en socorrer y salvar a muchos judíos que, de otro modo, hubieran corrido la peor de las suertes. Recordemos que la mencionada medalla es una importante distinción con la que el Estado hebreo recompensa a personas no judías que se hayan distinguido en la protección y ayuda dispensadas a los judíos durante la persecución nazi.
Cabe recordar, por ejemplo, que la Medalla de los Justos entre las Naciones fue otorgada en su día al cardenal Pietro Palazzini por haber salvado a numerosos judíos refugiados en el Seminario Romano (del que era vicerrector). En dicha ocasión este alto prelado declaró: «el mérito es enteramente de Pío XII que ordenó hacer todo lo que estuviera a nuestro alcance para salvar a los judíos de la persecución». Las palabras dirigidas por el embajador israelí durante el acto del pasado jueves muestran cómo poco a poco se va abriendo paso una actitud más ponderada y ecuánime de personalidades oficiales del mundo judío y del Estado de Israel en lo tocante al tema Pío XII. Esperemos que el ejemplo cunda y acabe por imponerse la verdad histórica: la de un Vicario –no el de Hochhutz, sino el de Cristo– que hizo por los judíos lo máximo y lo mejor que podía hacer en unas circunstancias gravísimas y excepcionales, aun a costa de arriesgar su prestigio personal. Otro que no fuera Eugenio Pacelli quizás habría lanzado condenas estentóreas, pero cabe preguntarse si ello no hubiera sido una inútil provocación que hubiera sentenciado irremisiblemente también a aquellos a los que, de hecho, se logró salvar, que fueron muchísimos y que deben su vida a la acción prudente pero efectiva de Pío XII.
Ofrecemos nuestra traducción del artículo aparecido en la edición de L’Osservatore Romano correspondiente al 24-25 de junio.
21 de junio de 2011
Mons. Raúl Marcelo Pacífico Scozzina, O.F.M. (+), obispo emérito de Formosa, y el venerable Pío XII









