23 de junio de 2009

El retraso de la causa de beatificación de Pío XII: habla el Padre Gumpel


R.P. Peter Gumpel, S.I., relator de la causa
de beatificación de Pío XII
(Foto por cortesía de Don Livio Spinelli)


Como anunció oportunamente la agencia de noticias Fides (dependiente de la Congregación romana para la Evangelización de los Pueblos), el pasado jueves 18 de junio, a partir de las 6 de la tarde, tuvo lugar en Roma, en el local de la Librería Internacional Pablo VI del Palacio de Propaganda Fide (Via di Propaganda, 4), un acto enmarcado en la serie de eventos culturales llamada “I Venerdì di Propaganda” (Los Viernes de Propaganda). En esta ocasión había un invitado de lujo: el R.P. Peter Gumpel, S.I. (foto), relator de la causa de beatificación de Pío XII, el cual disertó sobre el tema "Come si fanno i Santi" (Cómo se hacen los Santos), es decir, sobre las normas y el procedimiento de los procesos de beatificación y canonización en la Iglesia Católica. La conferencia fue organizada por el sacerdote salesiano Don Giuseppe Costa, director de la Libreria Editrice Vaticana (la librería editorial vaticana), y sus colaboradoras la Dra. Neria De Giovanni y la Dra. Francesca Bucciarelli.

Como era obvio y estaba previsto, el Padre Gumpel abordó también el asunto del estado actual de la causa de Eugenio Pacelli, de gran interés para el público y de constante actualidad, así como objeto de viva controversia, sobre todo por parte de un amplio sector del mundo hebraico, que se hace eco de las acusaciones vertidas desde hace casi medio siglo contra el pontífice que reinó en un período particularmente difícil de la Historia humana y a quien acusan de complicidad –por un supuesto silencio suyo– con la persecución nazi de los judíos. El jesuita austríaco, juntamente con el R.P. Paolo Molinari, postulador general de la Compañía de Jesús, lleva desde hace décadas el proceso canónico para la beatificación de Pío XII y es seguramente quien mejor y más detallada información maneja sobre este papa. Es él quien, como relator, elaboró la llamada “positio” (exposición) sobre sus virtudes.

Conviene recordar el trámite que se observa en la causa de un candidato a los altares. Cuando muere una persona con fama de santidad, el ordinario del lugar del fallecimiento o de donde ha transcurrido una parte importante de su vida inicia el proceso ordinario mediante una encuesta diocesana, que tiene por objeto recopilar toda la información posible sobre ella. Si la investigación resulta satisfactoria, la causa se incoa en Roma, donde el Papa normalmente la aprueba, momento en el que el candidato a los altares pasa a llamarse Siervo de Dios, asignándosele un procurador y un relator ante la Congregación romana para las Causas de los Santos. El relator, después de un estudio profundo sobre el Siervo de Dios, debe redactar la positio, paso previo a la fase decisiva de la causa. La positio se ha de leer delante del Congreso Peculiar de Consultores Teólogos y de la Congregación Ordinaria de Cardenales y Obispos. Después de un dictamen favorable de ambas, el Papa normalmente firma el decreto de heroicidad de virtudes, que otorga al Siervo de Dios el título de Venerable. A partir de este momento se estudia los milagros a él atribuidos: un primer milagro probado conduce a la beatificación (que implica la aprobación del culto particular del nuevo beato) y un segundo tiene como resultado la canonización (que constituye un pronunciamiento infalible del Magisterio y permite el culto del nuevo santo en la Iglesia universal).

Por lo que respecta a Pío XII, el proceso de su beatificación fue introducido –juntamente con el de su sucesor Juan XXIII– por Pablo VI, quien así lo anunció en su alocución del 18 de noviembre de 1965 a los Padres Conciliares en la penúltima sesión general del Concilio Vaticano II. Mientras la causa del papa Roncalli fue confiada a los franciscanos, la del papa Pacelli lo fue a los jesuitas, a cuya orden había manifestado una gran predilección (el P. Augustin Bea fue su confesor y el P. Robert Leiber, su secretario). El proceso, en este caso, compete incoarlo al Papa por ser los Sumos Pontífices obispos de Roma. Las circunstancias en las que Pablo VI introdujo las dos causas de sus predecesores al mismo tiempo fueron muy distintas. En el caso de Juan XXIII se trató de dar curso al deseo popular por honrar a alguien que gozaba de un unánime reconocimiento; en el de Pío XII hubo, en cambio, el interés personal del que había sido su estrecho colaborador durante décadas, en un afán por reivindicar su memoria, ultrajada por una indigna pero efectiva campaña mediática suscitada por el estreno, en 1963, de la pieza teatral Die Stellvertreter (El Vicario) de Rolf Hochhuth. En ella se acusaba a Pacelli de haber guardado un silencio cómplice sobre el holocausto de los nazis contra los judíos, debido a una supuesta afinidad del Papa con la ideología hitleriana.

Pablo VI sabía que el camino de los altares no sería fácil para su venerado Pío XII después de haber sido abierta la caja de los truenos, sobre todo desde la literatura y el espectáculo, vehículos eficacísimos de propaganda, que ni las más rigurosas investigaciones ni la documentación mejor contrastada son capaces de depurar en el ánimo del público. Aún así quiso que no pudiera haber resquicio de duda sobre la actuación de su predecesor y ordenó que se desclasificaran y publicaran las actas y documentos de la Santa Sede correspondientes al período de la Segunda Guerra, tarea que confió a cuatro historiadores jesuitas: los Padres Angelo Martini, Burkhart Schneider, Robert A. Graham y Pierre Blet. De ellos sólo vive aún el último, en su fecundo retiro de la Pontificia Universidad Gregoriana, dedicado a sus estudios y publicaciones y a reivindicar, siempre que se da la ocasión, la memoria de Pío XII. Fue este el comienzo de la apertura de los archivos secretos vaticanos relativos a este papa, que ha continuado bajo Juan Pablo II y prosigue bajo Benedicto XVI, en el afán de que se abra paso la verdad y prevalezca sobre la leyenda negra. Es significativo que en lo que ha emergido en estos cuarenta años de todo el caudal de documentación nada hay que incrimine a Pacelli . Ello no obstante, sus enemigos no cejan en su gratuita y vieja campaña de calumnia.

Pero más allá de la polémica sobre “el silencio de Pío XII” está el hecho de que este papa representa un modelo de Iglesia repudiado por el sector liberal: jerárquica (basada en la monarquía papal y la autoridad de los obispos en comunión con el Romano Pontífice), magisterial (que enseña con autoridad y de modo vinculante a todos los fieles) y hierocrática (en la que hay un sacerdocio con el poder, que procede de la ordenación, para dispensar la vida sobrenatural en nombre de Jesucristo). A este modelo (llamado a menudo “pre-conciliar” y acusado de “constantiniano” y “triunfalista”) se opone el de una Iglesia (llamada “conciliar” y loada como “testimonial” y “popular”) democrática (Papa y obispos son servidores de la koinonía y su autoridad procede del Pueblo de Dios), de consenso (la doctrina no se enseña ni se impone, se propone libremente en un contexto de libertad y de adaptación a las exigencias de tiempo y lugar) y no clerical (el sacerdocio ministerial no es específicamente distinto del común). Ahora bien, como se considera que el prohombre del modelo liberal de Iglesia es el beato Juan XXIII, a quien se atribuye el haber convocado el Concilio Vaticano II para liquidar el pasado, resulta que Roncalli es contrapuesto a Pacelli. Los mismos que honran como santo varón al primero no tienen la mínima simpatía por el segundo, al que no consideran como alguien santo, oponiéndose a su proceso de beatificación.

Por supuesto, la anterior es una disyuntiva falsa. Pío XII vs Juan XXIII; Iglesia pre-conciliar o Iglesia conciliar... Es el engaño que ha hecho fortuna en las filas del Catolicismo hasta que Benedicto XVI denunció alto y claro la “hermenéutica de la ruptura” que a él subyace. El Vaticano II no fue una solución de continuidad ni fundó otra Iglesia: está, por el contrario, en perfecta continuidad con la Tradición. Y tanto es así que, precisamente, es Pío XII el autor más citado en sus actas después de la Sagrada Escritura. Es más: este pontífice se adelantó en varios aspectos al Concilio (por ejemplo, propiciando la pastoral litúrgica, promoviendo al clero indígena, potenciando el apostolado seglar, dando lugar a una opinión pública en la Iglesia, etc.).

Por el contrario, el beato Juan XXIII estuvo muy lejos de ser un papa revolucionario. Lo han atestiguado personas solventes que fueron colaboradores suyos, entre ellos el R.P. Pierre Blet, S.I. (que tanto ha hecho por reivindicar la figura de Pío XII), el cual fue llamado por Roncalli a Roma para investigar sobre un tema caro al Papa (como que fue su ocupación durante un importante período de su vida): la diplomacia pontificia. El papa del Sínodo Romano de 1960, de la Veterum Sapientia y del Misal Romano de 1962 (con la inclusión del nombre de San José en el canon) difícilmente podría ser considerado un rupturista a menos que se admita que estaba afectado por una especie de esquizofrenia. Tanto en su talante como en sus gustos era más bien un papa conservador y cultor de las formas. Lo que no está reñido con ser una persona benigna y tolerante como, sin duda, lo era el beato Juan XXIII. Y aquí cabe referirse al apelativo de “Papa Bueno” que se le aplicó (sin duda con buena intención y con verdad). El problema es que los liberales han venido repitiéndolo con una connotación maliciosa: hablan de Roncalli como “Papa Bueno” como si los anteriores –y en especial Pío XII– hubieran sido “papas malos”. Por lo que respecta a Pacelli, todos sus visitantes (y fueron legión) coincidían en subrayar su bondad, su cercanía y el aura de misticismo que emanaba de su augusta persona. Nada más lejos de un “papa malo”.

Volvamos a las declaraciones del Padre Gumpel en la conferencia de Propaganda Fide. Afirmó que Benedicto XVI “tiene gran admiración y estima por Pío XII, también en consideración de lo que hizo a favor de los judíos”. Pero hay un hecho que llama la atención: el 9 de mayo de 2007 se reunió en sesión ordinaria la comisión de 15 cardenales y 15 obispos para dar su dictamen sobre la heroicidad de virtudes de Eugenio Pacelli. La votación fue unánimemente favorable, quedando expedito el decreto respectivo para su firma por el Papa. Pues bien, desde entonces (y de ello hace ya más de dos años) esta firma se hace esperar. La explicación que proporciona el Padre Gumpel es que Benedicto XVI se hallaría “turbado” (impressionato es la palabra italiana usada por el jesuita) debido a que en sus encuentros con representantes de diversas organizaciones hebraicas, éstos le habrían manifestado claramente su oposición al avance de esta causa de beatificación, bajo la amenaza de congelar las relaciones entre la Iglesia Católica y el mundo judío, a cuya buena marcha es muy sensible el papa Ratzinger.

El Padre Gumpel se refirió concretamente, como prueba de la hostilidad a nivel oficial del mundo judío a Pío XII, el hecho de que, a pesar de las protestas de los sucesivos nuncios apostólicos en Israel, se mantenga la inscripción injuriosa sobre el pontífice en el museo del Yad Vashem, organización que depende del gobierno israelí. Sólo con motivo del reciente viaje de Benedicto XVI se habló de una reconsideración a este respecto por parte de los responsables del museo, pero hasta el momento nada concreto se ha hecho, lo que demuestra que aquí se trata de política más que de honradez intelectual e histórica. Es por esto por lo que el conferenciante insistió en que no veía lo que tenía que haber: “fatti, fatti, fatti” (hechos, hechos, hechos). Reconoció que la postura adversa a Pío XII no es unánime –ni mucho menos– entre los judíos (muchos rabinos, al contrario, se muestran favorables a su causa), pero que a nivel de organizaciones y de entidades existe un consenso de clara oposición (citó, por ejemplo, a la Liga Antidifamación de la B'nai B'rith). Hizo el Padre Gumpel la salvedad de que a él le parece muy bien que se fomente el diálogo judeo-católico, pero no a costa de frenar el proceso canónico para llevar a Pacelli a los altares (lo cual es un chantaje político en toda regla).

Al día siguiente de estas declaraciones de su hermano en religión, el también jesuita P. Lombardi, portavoz oficial de la Santa Sede, publicó una nota en la que exhortaba a “cesar en toda presión sobre el Papa, cuya competencia en las causas de beatificación y canonización es exclusiva”, afirmando a continuación que si Benedicto XVI “piensa que el estudio y la reflexión sobre la causa de Pío XII han de prolongarse, esta postura suya debe ser respetada sin que interfieran intervenciones injustificadas e inoportunas”. Naturalmente, se pensó que el Padre Gumpel era el directamente aludido. Sobre esto hay que decir que el relator de la causa de Pío XII es una persona parca y ponderada, que jamás emite un juicio o realiza declaraciones a la ligera. En numerosas ocasiones se le ha querido sonsacar información y se ha mostrado escrupulosamente cauteloso y prudente. Por otra parte, no es un “hagiógrafo” de Eugenio Pacelli, sino un estudioso que juzga a la luz de la historia y se atiene al testimonio de la documentación. Es alguien que habla con conocimiento, autoridad y competencia, avalados por una experiencia de décadas al servicio de la Congregación para las causas de los Santos. No se pueden despachar, pues, sin más sus declaraciones como intervención “injustificada e inoportuna”.

Pero es que si vamos al contenido de lo dicho por el Padre Gumpel no se encuentra ninguna manifestación de presión sobre el Santo Padre para que acelere el proceso de beatificación de Pío XII. Simplemente ha puesto de relieve un hecho insólito (si se piensa en la celeridad observada en otros): el de que una firma de trámite de un decreto sobre el que una comisión de alto nivel ya decidió positivamente tarde más de dos años en ser puesta. Y ha dado también una explicación, la que, a la luz de los incidentes que a lo largo de este tiempo han marcado –por parte principalmente judía– una renovada campaña difamatoria anti-pacelliana (recuérdese el del rabino de Haifa: http://sipastorangelicvs.blogspot.com/2008/10/el-rabino-de-haifa-contra-po-xii.html), resulta no sólo lógica sino clarificadora. Si ha de haber una opinión pública en la Iglesia y se manifiesta en otros casos (como en el de la publicación del motu proprio Summorum Pontificum y el levantamiento de las excomuniones a los obispos de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X) no se ve por qué se haya de callar en éste.

Desde estas líneas queremos expresar nuestro más decidido apoyo al R.P. Peter Gumpel, S.I., en su paciente e ímproba labor por llevar adelante la causa de beatificación de Eugenio Pacelli y nuestro agradecimiento por su invariable y permanente disponibilidad a todo aquel que se interesa sinceramente en ella (como hemos tenido muchas veces ocasión de comprobar). Elevamos fervientes preces para que el Santo Padre felizmente reinante, que ya el año pasado dio muestras inequívocas de su aprecio a su “amado predecesor” (en ocasión del cincuentenario de su muerte), tome la decisión que nos permita invocar a Pío XII como venerable.


La mesa presidencial de la conferencia en Propaganda Fide.
De izquierda a derecha: Don Costa, el R.P. Gumpel y la Dra. Neria de Giovanni
(Foto por cortesía de Don Livio Spinelli)

11 de junio de 2009

La vida de Pío XII en historieta (versión breve) - y 3







Editorial Novaro fue una magnífica productora de historietas o cómics educativos en los años cincuenta, sesenta y setenta. Contaba con varias colecciones, entre ellas Vidas Ilustres y Vidas Ejemplares. Esta última comprendía vidas ilustradas de santos y de católicos señalados y también eventos de la Historia de la Iglesia (como concilios ecuménicos, etc.). De Pío XII se editaron dos números: uno en 1958, poco antes de morir el Papa (que es el que reproducimos ahora), y el otro -más extenso- en 1959, en el primer aniversario de su fallecimiento (que ya publicamos anteriormente). Vale la pena imprimir las páginas a color para tener un instrumento de enseñanza para los más jóvenes y mostrarles quién fue el gran Eugenio Pacelli, papa decisivo del siglo XX (aunque también puede servir para refrescar la memoria de los no tan jóvenes).


10 de junio de 2009

La vida de Pío XII en historieta (versión breve) - 2







Editorial Novaro fue una magnífica productora de historietas o cómics educativos en los años cincuenta, sesenta y setenta. Contaba con varias colecciones, entre ellas Vidas Ilustres y Vidas Ejemplares. Esta última comprendía vidas ilustradas de santos y de católicos señalados y también eventos de la Historia de la Iglesia (como concilios ecuménicos, etc.). De Pío XII se editaron dos números: uno en 1958, poco antes de morir el Papa (que es el que reproducimos ahora), y el otro -más extenso- en 1959, en el primer aniversario de su fallecimiento (que ya publicamos anteriormente). Vale la pena imprimir las páginas a color para tener un instrumento de enseñanza para los más jóvenes y mostrarles quién fue el gran Eugenio Pacelli, papa decisivo del siglo XX (aunque también puede servir para refrescar la memoria de los no tan jóvenes).

9 de junio de 2009

La vida de Pío XII en historieta (versión breve) - 1







Editorial Novaro fue una magnífica productora de historietas o cómics educativos en los años cincuenta, sesenta y setenta. Contaba con varias colecciones, entre ellas Vidas Ilustres y Vidas Ejemplares. Esta última comprendía vidas ilustradas de santos y de católicos señalados y también eventos de la Historia de la Iglesia (como concilios ecuménicos, etc.). De Pío XII se editaron dos números: uno en 1958, poco antes de morir el Papa (que es el que reproducimos ahora), y el otro -más extenso- en 1959, en el primer aniversario de su fallecimiento (que ya publicamos anteriormente). Vale la pena imprimir las páginas a color para tener un instrumento de enseñanza para los más jóvenes y mostrarles quién fue el gran Eugenio Pacelli, papa decisivo del siglo XX (aunque también puede servir para refrescar la memoria de los no tan jóvenes).

2 de junio de 2009

¿Para cuando un museo dedicado a Pío XII en Roma, su ciudad natal?


En este día en que la Iglesia recuerda al papa san Eugenio I (imagen), queremos conmemorar el onomástico de Pío XII (cuyo nombre de pila era, como todo el mundo sabe, Eugenio) exponiendo públicamente una reivindicación que nos parece no sólo justa sino, además, imperiosa.


Un hecho desconcertante

Nuestro buen amigo y entusiasta delegado del SIPA en Italia John Sonnen acaba de llamar la atención en su siempre interesante y ameno blog Orbis Catholicus sobre el hecho de que Pío XII es el único papa del siglo XX en no contar con un museo dedicado a su memoria en su lugar de nacimiento (http://orbiscatholicus.blogspot.com/2009/05/pius-xii-we-need-somebody-to-buy-his.html), siendo así que todos los demás pontífices de dicha centuria tienen cada uno el suyo. He aquí la lista que aporta (y que hemos creído conveniente completar con las señas respectivas):

León XIII: Museo Leoniano di Palazzo Pecci en via Castello s/n, 00032 Carpineto Romano (Lazio)
San Pío X: Museo della Casa Natale di San Pio X en Piazza S. Pio X 1, 31039 Riese-Pio X (Treviso)
Benedicto XV: Museo del Palazzo della Chiesa en salita Santa Caterina s/n, 16123 Génova (Liguria). Este pontífice tiene, incluso, dos museos, dado que dos localidades se disputan el honor de haber sido su cuna. El otro es el de la Villa della Chiesa en piazza Giacomo della Chiesa, 16156 Pegli (Liguria)
Pío XI: Museo-Casa Natale y Centro Internazionale di Studi e Documentazione Pio XI en via Pio XI 4, 20033 Desio (Milán)
Beato Juan XXIII: Museo Casa Natale di Papa Giovanni en via Colombera 5, 24039 Sotto il Monte Giovanni XXIII (Brusico)
Pablo VI: Casa Natale (antiguo Palazzo Lodron y hoy Palazzo Montini) en via Rodolfo da Concesio s/n, 25062 Concesio (Brescia)
Juan Pablo I: Casa Natale en via Rividella 8, 32020 Canale d’Agordo, antes Forno di Canale (Belluno)
Juan Pablo II: Dom Rodzinny Jana Pawła II en ul. Kościelna 7, 34-100 Wadowice (Polonia).

Pero, además, el propio papa felizmente reinante ya tiene en vida un museo dedicado a su augusta persona en su casa natal, en el número 11 de la Marktplatz de la localidad bávara de Marktl am Inn, por decisión de las autoridades municipales, que han querido de esta manera homenajear a su hijo más ilustre.

Sin embargo, es verdad: la casa donde nació Eugenio Pacelli no se ha convertido en un museo que perennice el recuerdo de sus primeros años en este mundo ni de su entorno familiar. Y esto es tanto más chocante cuanto que se trata de un romano de Roma, es decir de un romano de pura cepa y, además, de una de las personalidades más influyentes de su época por no decir un papa de los más decisivos en la Historia de la Iglesia. Pero se ve que en él se cumple cabalmente aquello de nemo propheta in patria…


En el corazón de la Roma histórica: Ponte y Parione



Pacelli en medio de la historia

Pío XII vino al mundo el 2 de marzo de 1876 en la vivienda familiar ubicada en el tercer piso (terzo piano) del Palazzo Capponi-Pediconi, en el número 34 del vicolo degli Orsini, al pie de monte Giordano, área particularmente interesante en los límites de los rioni Ponte y Parione, rica de evocaciones que, sin duda, iban a marcar la existencia de su más famoso habitante. Se trata de una elevación de terreno que sirvió durante la Edad Media como baluarte de los Orsini, una de las poderosas familias romanas que se disputaban el poder en la Urbe (como también los Colonna, los Savelli y los Sforza). De hecho, al principio la colina se llamó Mons Ursinorum (monte de los Orsini), para más adelante quedarse con el nombre de uno de los célebres jefes del clan: Giordano Orsini. El niño Pacelli se empaparía con las tradiciones aún vivas relativas a las luchas nobiliarias, a las cuales el Papado no pudo ser ajeno. En la antigua corte pontificia, por ejemplo, aún avanzado el siglo XX, aún se turnaban Orsinis y Colonnas como príncipes asistentes al sacro solio, resto de la antigua rivalidad que los opuso durante siglos. Pío XII prestó siempre atención al patriciado y a la aristocracia romana (de la cual formaba parte por cierto), a los que recibía en audiencia corporativa cada año, dirigiéndoles alocuciones que forman un auténtico código de la conducta honorable y ejemplar que debe distinguir al estamento nobiliario.

Otro recuerdo vinculado a la zona de monte Giordano es el de san Felipe Neri, el apóstol de Roma. Justo enfrente de la casa natal de Pío XII se yergue la Torre dell’Orologio, en la parte posterior del antiguo convento del Oratorio, anexo a la iglesia de Santa Maria in Vallicella, más conocida como Chiesa Nuova, donde residió y está sepultado el santo. Todo el barrio de Ponte y Parione está, además, sembrado de lugares filipenses, lo cual es natural porque fue el campo de acción del fundador del Oratorio. No es de extrañar que, frecuentando desde la infancia la Chiesa Nuova y sirviendo de monaguillo y más tarde -ya sacerdote- diciendo la misa y administrando el sacramento de la penitencia en ella, Eugenio Pacelli conservara siempre un especial afecto hacia todo lo relativo a san Felipe Neri (retribuido el año pasado por los actuales padres oratorianos de la Vallicella, que conmemoraron solemnemente el cincuentenario de la muerte de Pío XII el año pasado).

Pero quizás el dato más sugestivo sea el que vincula el emplazamiento de Palazzo Capponi-Pediconi a una curiosa y reveladora costumbre que tenía lugar en tiempos medievales con ocasión de la elección de un nuevo papa. Por allí pasaba la llamada via papae o strada papale (en italiano), que llevaba a éste –montado sobre una mula blanca– desde el Vaticano (donde había sido coronado) hasta San Juan de Letrán (donde debía tomar posesión de la basílica, catedral del Romano Pontífice, y de su palacio adyacente, residencia de los papas de aquélla época). Justo en ese lugar, al pie de lo que entonces era el palacio de Cromacio, prefecto de la Urbe, se detenía el cortejo papal y tenía lugar el encuentro del flamante pontífice con el rabino de la ciudad (por este tiempo se alzaba una sinagoga en las inmediaciones del monte Giordano). El segundo extendía al primero un rollo de pergamino con el Pentateuco (la Torah). El Papa lo devolvía del revés al jefe de los judíos, diciéndole que honraba la Ley de Moisés, pero reprochándole la obstinación de su pueblo en no aceptar la de Jesucristo. El rabino agachaba la cabeza y extendía la mano, recibiendo del camarlengo de la Santa Iglesia Romana “venti soldi provvisini” en señal de tolerancia.

Este hecho, recogido por el historiador de la topografía romana medieval Mariano Armellini del Ordo del cardenal Cencio Camerario (papa con el nombre de Honorio III), es mencionado por el biógrafo de Pío XII Nazareno Padellaro, el cual anota agudamente: “Si Hitler o Rosenberg hubieran conocido este episodio y hubieran sabido que este encuentro entre pontífice y rabino se desarrollaba en el lugar donde debía surgir la casa que vería nacer a Eugenio Pacelli, habrían dispuesto de otra cosecha de argumentos gamados contra el Papa” (Pío XII, 1949, pág. 24). Ciertamente este antecedente histórico (que repite Tornielli en su biografía del pontífice) no puede ser más premonitorio del papel desempeñado por Eugenio Pacelli a favor de los judíos en los años trágicos de la persecución nazista y, de modo especial, de los judíos romanos, a quienes ayudó todo lo que pudo en las circunstancias inauditas de la ocupación de Roma. Mucho más que “venti soldi provvisini” estuvo Pío XII dispuesto a dar a los judíos perseguidos cuando el rabino jefe de Roma, Israel Zoller, acudió al Santo Padre en demanda de auxilio para completar el pago de un rescate consistente en 50 kilos de oro, exigido por los alemanes para detener la deportación de judíos. El Papa dio instrucciones precisas a Bernardino Nogara, director de la Administración Especial de la Santa Sede, para que reuniera los 15 kilos faltantes y, aunque no hicieron falta gracias a que la comunidad católica romana completó el cupo (según escribió el cardenal Maglione, secretario de Estado), se vio la clara voluntad del pontífice de ayudar.



Palazzo Capponi-Pediconi, donde nació Eugenio Maria Pacelli



Una propuesta

El Palazzo Capponi-Pediconi actual fue mandado construir por la antigua familia patricia florentina de los Capponi (presente en Roma desde comienzos del siglo XV), que adquirió la propiedad de una vieja construcción de los Orsini al pie del monte Giordano. Se ignora quién fue el arquitecto a quien se debe el proyecto, que se realizó lentamente durante la segunda mitad del siglo XVII. Aún estaba por terminar cuando los Capponi vendieron el palacio a la familia milanesa de banqueros Stampa, de la cual pasó más tarde sucesivamente a los Pediconi y los Cavalletti, estirpes de funcionarios romanos ligados al Papado. El inmueble tiene dos entradas: la principal es por el vicolo degli Orsini y la otra por la via dei Banchi Nuovi (que es por donde abren los negocios que hay instalados en la planta baja.

Eugenio Pacelli no vivió mucho tiempo en su casa natal, pues a los cuatro años lo encontramos habitando con su familia el número 19 de la via della Vetrina, estrecha callejuela que comunica la via di Monte Giordano con la via dei Coronari, en un inmueble a las espaldas del Palazzo Taverna. Quizás el hecho de que estos domicilios no fueran de propiedad de los Pacelli, sino viviendas de alquiler haya determinado la dificultad de recuperar la casa natal de Pío XII, en manos de particulares, que obviamente tendrán interés en conservar un emplazamiento privilegiado en el corazón mismo de Roma y en una de sus zonas más auténticas y con mayor solera. Sin embargo, en el caso de otros papas sí ha sido posible llegar a un buen acuerdo. No se ve por qué no podría ser otro tanto respecto de Pío XII.

Lo que sí resulta extraño e insólito es que al peregrino que desea honrar a este pontífice le sea difícil identificar el lugar de su nacimiento: ni siquiera una lápida en la fachada de Palazzo Capponi-Pediconi (en una ciudad donde se prodigan las inscripciones conmemorativas de todo tipo) recuerda la efeméride. Hay una en el interior, pero el acceso es muy difícil y, desde luego, tratándose de una propiedad privada se está a merced de la buena voluntad del portero, que lamentablemente no suele franquear el paso. De modo que hay que contentarse con una visión del exterior del edificio y musitar piadosamente una plegaria en memoria de un Papa que tanto hizo por Roma, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial. Y esta consideración precisamente es la que nos lleva a formular un llamado a los romanos, que distinguieron a Pío XII con el honroso título de Defensor Ciuitatis por haber logrado hacerla declarar ciudad abierta durante el conflicto, evitando así que corriera la triste suerte de muchas otras joyas de la arquitectura y del Arte, presa de trágicos bombardeos.

¿No sería posible adquirir la propiedad del Palazzo Capponi-Pediconi o, al menos, de su tercer piso para poder organizar un museo en la casa natal del papa Pacelli? Obviamente mediante una compensación justa y hasta ventajosa para quien tendría que renunciar a ese rincón tan magnífico de Roma. Una subscripción pública entre los romanos –los de patria y los de adopción– y entre los devotos de Pío XII –que los hay, y más de lo que se cree– sería una iniciativa a tomar por las autoridades competentes, que deberían sondear la voluntad y las disposiciones del actual propietario del inmueble (cuyos derechos se deben respetar obviamente). Recuerdos de familia de los príncipes Pacelli, esparcidos aquí y allá, podrían reunirse para recrear la atmósfera que debió respirar el niño Eugenio Maria. En fin, muchas otras cosas podrían hacerse para montar el museo: los italianos para estas cosas son insuperables.

Es una idea, por la que agradecemos a nuestro buen amigo John Sonnen –que es quien la ha lanzado– y que hacemos nuestra con la esperanza que se pueda realizar. Entretanto, gracias a la solicitud de unos religiosos residentes en Roma, poco a poco se va haciendo realidad un museo dedicado a Pío XII (aunque no sea en su casa natal). Su fundadora cultivó una buena amistad con la M. Pascalina Lehnert, la cual le hizo entrega de muchos recuerdos personales del gran pontífice al que tuvo el privilegio de servir con tanta dedicación y fidelidad, recuerdos que pudo rescatar del olvido o del arrinconamiento al marcharse del Palacio Apostólico. La generosidad de la Famiglia Spirituale L’Opera permitió que algunas de las piezas más significativas pudieran ser exhibidas en la exposición que tuvo lugar en la columnata de la Plaza de San Pedro con motivo del cincuentenario pacelliano. Esperemos que tanto este proyecto como el de un futuro museo en la casa donde nació el Pastor Angelicus se conviertan en una feliz realidad. Es el voto que formulamos en este día de san Eugenio I, onomástico de Pío XII.



25 de mayo de 2009

El libro de Sor Margherita Marchione fue presentado con éxito

Sor Margherita en compañía de un caballero, John Sonnen
y hermanas de las Maestras Pías Filippini

Reproducimos con gran placer la crónica de la presentación del más reciente libro de sor Margherita Marchione sobre Pío XII, que, como anunciáramos, tuvo lugar el jueves 21 de mayo ppdo. Esperamos poder verlo pronto publicado en lengua española y felicitamos desde este blog tanto a su ilustre autora cuanto a todos los que han hecho posible el éxito del acto.





PIO XII: ¡SANTO YA!
CRÓNICA DE LA PRESENTACIÓN DEL RECIENTE
LIBRO DE SOR MARGHERITA MARCHIONE

Fiesta grande por el papa Pío XII el 21 de mayo en la sala de conferencias del Palacio Marini de la Cámara de Diputados. Y fiesta también por su defensora sor Margherita Marchione, que, apenas cumplidos los 87 años, ha viajado expresamente desde los Estados Unidos –donde reside– para presentar su último libro a favor de la beatificación de Eugenio Pacelli, siendo acogida por el senador Giulio Andreotti y otras varias personalidades italianas y extranjeras presentes para el acto.

El evento fue organizado y patrocinado por el Dr. Alberto De Marco, presidente de la Associazione Amici di Totò…a prescindere! Onlus, con la colaboración del Prof. Livio Spinelli por el GAR (Gruppo Archeologico Romano) de Santa Marinella, localidad predilecta de Eugenio Pacelli; y, además, del secretario del Comitato Papa Pacelli, el abogado rotal Emilio Artiglieri; del Dr. Rolando Clementoni, gentilhombre de Su Santidad y responsable para Italia de la organización mundial judía Pave the Way Foundation; del delegado para Italia del Solidalitium Internationale Pastor Angelicus, el teólogo Dr. John Sonnen, en representación del presidente D. Rodolfo Vargas, y de la Associazione Mondoconsumatori.

Sor Margherita Marchione, que fue entrevistada por la RAI y Radio Vaticano en la ocasión, es autora de más de 60 libros, de los cuales una veintena son relativos a la figura de Pío XII. Es tal su diligencia en honrar la memoria de este pontífice que en los Estados Unidos ha organizado el que hasta hoy es el primer museo en el mundo enteramente dedicado al papa Pacelli. Su libro apenas presentado lleva por título Papa Pio XII. Un’antologia di testi nel 70° anniversario dell’Incoronazione (Pío XII. Antología de textos en el 70º aniversario de su coronación) y ha sido editado en italiano e inglés por la Librería Editora Vaticana.

La víspera de la presentación sor Margherita había sido recibida en audiencia por el papa Benedicto XVI y tuvo un encuentro con el cardenal Bertone, secretario de Estado de Su Santidad. El acto del 21 tuvo mucha afluencia de público. Tras la exposición de Sor Margherita y del senador Andreotti, la religiosa regaló a los asistentes estampas del papa Pío XII con reliquia y oración, la que fue recitada en la sala por el actor Angelo Blasetti. El cineasta Arnaldo Ninchi leyó, por su parte, algunos de los pasajes más significativos del volumen. A continuación hubo la intervención del Prof. Tito Rizzo, consejero jefe del Servicio de la Presidencia de la República, así como del Prof. Porfirio Grazioli, presidente de la Ciudad de los Muchachos. El Prof. Livio Spinelli, por cuenta del GAR de Santa Marinella, leyó, en fin, una memoria histórica en recuerdo del conciudadano Eugenio Pacelli, el cual desde la infancia veraneó en esa su localidad preferida junto con su hermano el abogado consistorial Francesco, su padre espiritual monseñor Francesco di Paola Cassetta y de su amigo el científico y Premio Nobel Guglielmo Marconi, que, iluminado por el futuro Pío XII, se convirtió al catolicismo.

Durante la conferencia fue proyectado un documental histórico producido por el Dr. De Marco y el cineasta Vincenzo De Sio en colaboración con el GAR. En él se incluía una entrevista efectuada en Israel al Prof. Michael Tagliacozzo sobre el libro de sor Margherita. El Prof. Tagliacozzo, judío romano de Monteverde, nacido en 1921 y que sobreviviera milagrosamente a las redadas de los nazis, es hoy miembro del kibbutz Nir Etsiyon en el monte Carmelo y está considerado como uno de los máximos estudiosos de las vicisitudes históricas de la comunidad judía romana. Dirige la sección “Italia” del Beth Lohamè Haghettaot, uno de los principales museos y centros de estudios en Israel de documentación histórica sobre el Holocausto y sobre la Segunda Guerra Mundial. La entrevista íntegra será objeto de un próximo artículo nuestro. Al evento del 21 se adhirieron, además, el Prof. Francesco Amicucci, docente universitario de la Pontificia Universidad Lateranense y el Duca de Willemburg, Riccardo Giordani, comisario mayor de la Soberana Orden Militar de Malta, así como el periodista y escritor Prof. Mario De Rossi.

Roma, 23 de mayo de 2009.


Prof. Livio Spinelli
Gruppo Archeologico Romano
Sección de Santa Marinella


Mesa presidencial con el senador Andreotti y la autora

20 de mayo de 2009

Presentación en Roma de un nuevo libro de Sor Margherita Marchione sobre Pío XII


Nuestro buen amigo el Prof. D. Livio Spinelli, nos envía la invitación al acto que tendrá lugar mañana en Roma, en el que será presentado el nuevo libro de Sor Margherita Marchione: Papa Pio XII. Una antologia di testi nel 70º anniversario dell’incoronazione (El papa Pío XII. Antología de Textos en el 70º aniversario de su coronación). Representará al SIPA John Sonnen, nuestro delegado en Italia y creador del blog ORBIS CATHOLICVS, que tanto hace por la difusión de la figura del gran papa Pacelli. Ofrecemos a continuación la traducción española del anuncio al tiempo que auguramos el mayor de los éxitos a esta presentación que, sin duda, constituirá un importante acontecimiento cultural y espiritual.




Conferencia

Pío XII. Antología de textos en el
70º aniversario de su coronación

La Associazione Amici de Totò… a prescindere Onlus, con la colaboración del profesor Livio Spinelli, presidente del Grupo Arqueológico de Santa Marinella, del Comitato Papa Pacelli, de la prestigiosa Pave the Way Foundation, del Sodalitium Internationale Pastor Angelicus, del Assep (Associazione Sviluppo Sociale e Professionale) Onlus y de la Associazione Mondoconsumatori, organiza la presentación del nuevo libro de la religiosa ítalo-norteamericana sor Margherita Marchione el próximo jueves 21 de mayo, de las 16 a las 20 horas, en la sala de conferencias del Palacio Marini de la Cámara de Diputados, sita en Via del Pozzetto 158.

La Madre Marchione, que tiene la venerable edad de 86 años, participará en este importante acto. En el curso de su larga vida ha escrito más de veinte libros sobre la figura del papa Pío XII y se halla actualmente comprometida en el proyecto de un museo en los Estados Unidos dedicado al pontífice. Su nueva obra, que será presentada en la Cámara de Diputados, lleva el sugestivo título de Papa Pio XII. Una antologia di testi nel 70º anniversario dell’incoronazione (El papa Pío XII. Antología de Textos en el 70º aniversario de su coronación) y ha sido publicada por la Librería Editora Vaticana.

El evento, durante el que serán leídos algunos pasajes del libro por el actor y cineasta Arnaldo Ninchi, será presentado por el actor Angelo Blasetti y dará inicio con el saludo del Emmo. Sr. Cardenal Secretario de Estado Tarsicio Bertone. Serán ponentes: el Dr. Tito Lucrezio Rizzo, consejero jefe del Servicio de la Presidencia de la República, profesor universitario y flamante presidente del Sindicato de Funcionarios del Quirinal; el Comendador Emilio Artiglieri, abogado rotal, secretario y coordinador del Comitato Papa Pacelli; el maestro Georges de Canino, artista e historiador del Holocausto; el Prof. Porfirio Grazioli, presidente de la “Ciudad de los Muchachos”; el Dr. Rolando Clementoni, gentilhombre de Su Santidad y responsable para Italia de la Pave the Way Foundation.

Participarán: el Senador Giulio Andreotti; la princesa Elettra Marconi, hija del científico y Premio Nobel Guglielmo Marconi; el Abogado Daniele Costi; el Dr. Giancarlo Lombardi, presidente del Assep; el Dr. Emmanuele di Porto, secretario de la Comunidad Judía de Roma; el Sr. Sergio Tagliacozzo, presidente de la Associazione ETICA (Teatro Ebraico Internazionale Culturale ed Arte); el cineasta Enrico de Bernart (nieto por vía materna del Prof. Israel Zolli, rabino jefe de Roma bajo la ocupación nazi); el Dr. Loris Facchinetti, presidente del Instituto de Medicina Solidaria; el Maestro Irio Ottavio Fantini, periodista y pintor en el Vaticano; el abogado Ugo Pansolli, consejero de Eurispes (Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales); el Consejero Luigi Avveduto, presidente de la Comisión de Control, Garantía y Transparencia del Distrito XVII; el Dr. Claudio Procaccia, del Archivo Histórico de la Comunidad Judía de Roma; el cineasta Vincenzo de Sio; el Prof. Francesco Amicucci, profesor en la Pontificia Universidad Lateranense y asesor legal de la compañía AnsaldoBreda; la Profesora Emilia Palmieri Collins, poetisa; el Coronel Vincenzo Conti; el Excelentísimo Sr. Riccardo Giordani, duque de Willemburg, comisario mayor de la Soberana Orden Militar de Malta, y el Dr. John Sonnen, delegado para Italia del Sodalitium Internationale Pastor Angelicus.

Durante el acto, el público podrá visionar la entrevista al historiador Michael Tagliacozzo, así como películas inéditas del cardenal Eugenio Pacelli en 1934 y posteriores a su elección papal, en las que se pone en evidencia su apoyo concreta a los perseguidos. Esto ha sido posible gracias a la iniciativa del presidente de la Associazione Amici di Totò, que hizo transferir por un técnico de confianza viejas películas de 16 mm que le fueron donadas a soporte moderno. Tras las intervenciones de los relatores se dará paso al debate.

El Presidente
Dr. Alberto De Marco
Associazione Amici di Totò




13 de mayo de 2009

En el aniversario de la consagración episcopal de Eugenio Pacelli

Sello vaticano conmemorativo de la consagración episcopal
del futuro Pío XII, el 13 de mayo de 1917


En 1917 Europa se hallaba en lo más álgido de la Primera Guerra Mundial: su territorio se hallaba excavado, pero no por surcos prometedores de generosas cosechas, sino por trincheras desde donde la muerte era vomitada y a donde llegaba bajo los varios disfraces de la artillería para cobrar su implacable tributo de sangre; hospitales y campos de concentración se habían multiplicado, convirtiéndose en los establecimientos más comunes y concurridos en lugar de las iglesias y las escuelas; siglos de Arte e Historia y toda una manera de vivir se iban desplomando con los antiguos monumentos bajo el embate de las bombas y los cañonazos; las familias se hallaban dislocadas y desorientados los pueblos (que habían perdido la noción de aquello por lo que luchaban); la hecatombe, las ruinas, el hambre y las pestes se cernían como los cuatro jinetes del Apocalipsis sobre un mundo que parecía ya abocado a su fin. Tal era la sensación de inaudito, de horroroso y de atroz que todo lo que estaba pasando suscitaba en la gente que a esta conflagración ya se la llamaba la Gran Guerra, es decir la Guerra de las Guerras, la Guerra por antonomasia (de hecho, el papa san Pío X, que murió pocas semanas antes de que estallase, ya había presagiado lo que ella significaría al llamarla il Guerrone).

La situación bélica estaba en punto muerto: la guerra de posiciones mediante el avance o retroceso de las trincheras estaba causando un terrible desgaste con un precio altísimo en vidas humanas sin que ello hiciera vislumbrar la victoria a ninguno de los bandos en conflicto. Y esto podía prolongarse todavía por muchos meses, lo cual ponía a los distintos gobiernos en una coyuntura peligrosa, como lo admitían los mismos dirigentes políticos europeos. Parecía llegada la hora de negociar y, de hecho, ya se estaba llevando a cabo una tentativa unilateral por parte de una de las potencias combatientes: el Imperio Austrohúngaro. El beato Carlos I de Habsburgo había enviado en enero a dos de sus cuñados –los príncipes Sixto y Javier de Borbón-Parma, hermanos de la emperatriz Zita– a París con una propuesta al gobierno francés, presidido entonces por Aristide Briand. Al ser substituido éste en marzo por Alexandre Ribot, escéptico acerca de las intenciones del Emperador, las negociaciones se complicaron para finalmente fracasar. Benedicto XV, por su parte, creyó que el momento era propicio para reducir a la razón al principal protagonista de la guerra: el Káiser. Guillermo II se hallaba rodeado de un estado mayor belicista y agresivo marcado profundamente por la política de guerra sin tregua de Helmuth von Moltke y de guerra total de Erich von Lüddendorf. Sin embargo, el canciller Theobald von Bethmann-Hollweg, que había pasado de una actitud de fatalismo bélico hacia posturas más prudentes y moderadas, parecía el hombre indicado para convencer a su soberano de la conveniencia de descender a pactos.

El momento era propicio sobre todo por dos circunstancias susceptibles de modificar sensiblemente el curso de las hostilidades. Por un lado, en Rusia había estallado en febrero una revolución (foto) que había derrocado al zarismo y, aunque los nuevos líderes social-demócratas (mencheviques) deseaban continuar combatiendo al lado de los Aliados, la fuerte oposición de los comunistas (bolcheviques), partidarios intransigentes de la salida de la guerra, iba ganando cada vez más terreno. Por otro lado, como consecuencia de la política de guerra naval indiscriminada de Lüddendorf, habían recrudecido los ataques de submarinos alemanes contra cualquier objetivo considerado enemigo, bloqueando las líneas de comunicación de Europa con los Estados Unidos, que entraron en guerra contra los Imperios Centrales el 2 de abril. Así pues, si de un lado Alemania podía estar más tranquila respecto a su frente oriental, el aporte de tropas y armamento frescos a los Aliados por parte de la potencia norteamericana podía desequilibrar peligrosamente la balanza en su perjuicio en el frente occidental. Así las cosas, el nuncio apostólico en Baviera, monseñor Giuseppe Aversa, arzobispo titular de Sardes, que había sucedido en ese cargo apenas hacía pocos meses (en diciembre de 1916) al dominico monseñor Andreas Franz Frühwirth, creado cardenal por Benedicto XV, murió inopinadamente a los 55 años de edad. La nunciatura de Münich era un puesto clave de la diplomacia pontificia cara a Alemania a falta de una en Berlín. La Santa Sede no tenía representante oficial ante el Reich prusianizado y protestante del que había sido artífice Bismarck, enemigo declarado de la Iglesia Católica, contra la que había proclamado la Kulturkampf.

Para reemplazar al prematuramente desaparecido nuncio Aversa se fijó el Santo Padre en un prelado de la Curia Romana en el que había tenido ocasión de observar las cualidades que harían de él un idóneo intermediario de su propuesta de paz desde Münich: monseñor Eugenio Maria Pacelli, que había ya absuelto con gran dignidad alguna breve misión de representación diplomática. Su carrera era conocida en los Palacios apostólicos: en 1901 había entrado al servicio de la Santa Sede en la Sagrada Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, de la que fue sucesivamente sub-secretario, pro-secretario y secretario; contemporáneamente, enseñaba Derecho Canónico en el Seminario Romano y Diplomacia Eclesiástica en la Academia de Nobles Eclesiásticos; prelado doméstico de Su Santidad en 1905; secretario, en fin, de la Comisión para la Codificación del Derecho Canónico, a la que había sido llamado por el cardenal Pietro Gasparri, secretario de Estado, conocedor de su valía. Así pues, el 20 de abril de 1917, Benedicto XV preconizaba a monseñor Pacelli obispo, asignándole la sede titular de Sardes y nombrándolo al mismo tiempo nuevo nuncio apostólico en Baviera.

El Papa pidió al cardenal Frühwirth, antecesor de Pacelli en el cargo, que escribiera una carta de presentación de éste al ministro-presidente bávaro, el conde Georg von Hertling (futuro canciller del Reich y miembro del Zentrum), con quien mantenía una cordial amistad y que era considerado en el Vaticano (al decir del príncipe Constantino de Baviera, biógrafo de Pío XII) como un valedor de los intereses de la Iglesia. Es interesante reproducir su texto para comprender las expectativas que el Romano Pontífice cifraba en Pacelli y, además, como interesante crónica del momento:

“Mañana tiene lugar en la Capilla Sixtina la consagración de monseñor Pacelli por Su Santidad. Según mi entender, el hecho de que hayan nombrado a monseñor Pacelli nuncio apostólico en Münich hay que aprobarlo en todos los sentidos. Son generalmente conocidas las destacadas cualidades de su espíritu. Con razón se dice de él que es persona piadosa. Acaso su constitución física pueda ser influida desfavorablemente en Münich por razón del clima, por lo que me permito rogar a V.E. procure al nuncio apostólico cuantas facilidades permita la situación bélica. Monseñor Pacelli viene a Münich en misión de confianza y ruego a V.E. que le preste todo su apoyo en la importante misión que lleva con su confianza. Es digno de ella y lo justificará. Los que vivimos en Roma en estos días sentimos la necesidad de una información objetiva y, a ser posible, procedente de un puesto de dirección. Por eso no me extrañaría que surgiera el deseo de hacer una visita al Canciller del Reich”. En el último párrafo queda insinuado el especial cometido para el que el Papa había nombrado al nuevo nuncio en Baviera.

El domingo 13 de mayo, en una mañana soleada de primavera, Benedicto XV, asistido del limosnero papal, monseñor Giovanni Battista Nasalli Rocca di Corneliano, arzobispo titular de Tebas en Grecia, y del sacrista de Su Santidad, monseñor Agostino Zampini, O.S.A., arzobispo titular de Porphyreon en Fenicia, transmitía la plenitud del sacerdocio a monseñor Eugenio Pacelli en el grandioso marco de la Capilla Sixtina (foto). La consagración habría normalmente debido estar a cargo del cardenal Gasparri, quien de buen grado la habría llevado a cabo, pero el Papa quiso personalmente administrar el sacramento al futuro nuncio como subrayando la importancia que atribuía a su misión. Al sacro rito consecratorio asistieron los cardenales Vannutelli, Gasparri, Scapinelli y Frühwirth y, entre otros dignatarios de la Curia, el entonces prefecto de la Biblioteca Apostólica Vaticana, monseñor Achille Ratti. He aquí, pues, reunidos por una misma y feliz circunstancia a tres papas decisivos del siglo XX, que reinarían sucesivamente en los períodos más difíciles de esa centuria: Benedicto XV (el Papa de la Gran Guerra), Pío XI (el Papa de entreguerras) y Pío XII (el Papa de la Segunda Guerra Mundial). Pero otra coincidencia –ésta de tipo sobrenatural– iba a marcar la calenda del 13 de mayo de 1917: la primera aparición de Nuestra Señora en Fátima a tres pastorcillos, a los que reveló las claves de la convulsa historia contemporánea.

Es interesante también señalar un presagio curioso que algunos han querido ver en la iglesia titular del flamante arzobispo: Sardes. Es una de las siete iglesias de Asia destinatarias de sendas epístolas en el Apocalipsis. En el capítulo III se lee: “Escribe al Angel de la Iglesia de Sardes: El que posee los siete Espíritus de Dios y las siete estrellas, afirma: Conozco tus obras: aparentemente vives, pero en realidad estás muerto. Permanece alerta y reanima lo que todavía puedes rescatar de la muerte, porque veo que tu conducta no es perfecta delante de mi Dios. Recuerda cómo has recibido y escuchado la Palabra: consérvala fielmente y arrepiéntete. Porque si no vigilas, llegaré como un ladrón, y no sabrás a qué hora te sorprenderé. Sin embargo, tienes todavía en Sardes algunas personas que no han manchado su ropa: ellas me acompañarán vestidas de blanco, porque lo han merecido. El vencedor recibirá una vestidura blanca, nunca borraré su nombre del Libro de la Vida y confesaré su nombre delante de mi Padre y de sus Angeles” (1-5). La vestidura blanca de la que se habla en este pasaje, ¿no es un anuncio de la futura elección papal de Eugenio Pacelli, que tendría que enfrentarse a la corrupción subterránea del catolicismo, atacado por la labor de zapa de sus enemigos? No deja de ser sugestivo.


El nuncio Pacelli en Kreunach en visita a Guillermo II

Benedicto XV despidió a su nuncio con estas palabras: “Que Dios nos ayude para que en el alma de los gobernantes triunfen las ideas de la clemencia; que, conscientes de su responsabilidad, no desoigan por más tiempo la voz de los pueblos que claman por la paz”. El arzobispo Pacelli partió el 20 de mayo hacia su legación, pasando por Suiza para visitar el monasterio benedictino de Einsiedeln y encomendar su misión a la Santísima Virgen ante la imagen que allí se venera y que constituye el corazón del catolicismo helvético. Llegó a Münich el 25 y presentó credenciales al día siguiente ante el rey Luis III, de la antiquísima Casa de Wittelsbach. El discurso del nuevo nuncio en un todavía imperfecto alemán (según observó el monarca), contenía entre líneas el objetivo de paz que Benedicto XV quería proponer a Alemania. Justo un mes más tarde, el 26 de junio, monseñor Pacelli llegaba a la estación de Anhalt procedente de Münich para entrevistarse con el canciller Bethmann-Holwegg. Éste quedó impresionado por el modo tan franco e inteligente en el que el nuncio le expuso el plan del Papa: una paz sin vencedores ni vencidos, ni excesivas pretensiones por parte de Alemania, que debía dar muestras de su buena voluntad. El canciller prometió a Pacelli hablar de ello al Emperador. Éste, finalmente, lo recibió en su cuartel general de Kreuznach el 29 de julio, en medio de un fasto con el que quiso mostrar al representante del Papa su aprecio. En realidad, Guillermo II lo que quería era impresionar a monseñor Pacelli y llevarlo a su terreno, ganándolo para sus propias ideas de paz. Pero el impresionado fue él. Después de que el nuncio abandonara el cuartel general de vuelta a Münich, decepcionado y pesimista respecto a las intenciones del testarudo Hohenzollern, éste no pudo por menos de reconocer –como dejó escrito en sus memorias– que Eugenio Pacelli era un “perfecto modelo de prelado eminente de la Iglesia Católica”. Las negociaciones siguieron su curso con el resultado que la caída del Imperio Alemán deja suponer, pero aquí nos interesaba sólo situar el marco histórico en el que se produjo uno de los grandes acontecimientos de la vida del futuro Pío XII: su consagración episcopal.


Medalla conmemorativa del XXV aniversario de la consagración