

Consideremos ahora de quién vino el primer ataque frontal a la memoria del Pastor Angelicus. No vino de un judío, ni de una víctima de las leyes antisemitas, ni de un sobreviviente de los campos de exterminio. Vino de un alemán de pura cepa, que ni siquiera estuvo en el frente porque tenía catorce años apenas cumplidos cuando acabó la Segunda Guerra Mundial. Todo lo que podía saber sobre la persecución contra los judíos y su exterminio en lo que se llamó eufemísticamente “la solución final” le vendría sólo de oídas y aun así se podría poner en duda, ya que el pueblo alemán experimentó después del conflicto una amnesia colectiva: nadie se había enterado, nadie podía imaginarse, se cumplían órdenes sin preguntar, etc. Quizás fue precisamente para exorcizar ese complejo de culpa de los alemanes por lo que Hochhuth escribió El Vicario. Era fácil encontrar un chivo expiatorio en un pontífice romano al que, en los tiempos que corrían, no estimaban los sectores más avanzados del catolicismo y de cuya supuesta pasividad se habían quejado católicos insospechables como Paul Claudel y François Mauriac. La calumnia nació, pues, fuera del ámbito judío y fue ajena por completo al de las víctimas de la Shoah, es decir los principales y directos interesados en el asunto.


«No ha habido reproche más vivo al Nazismo que el que vino de Pío XI y su sucesor Pío XII».

«Siendo un amante de la libertad, cuando llegó la revolución a Alemania miré con confianza a las universidades sabiendo que siempre se habían vanagloriado de su devoción por la causa de la verdad. Pero las universidades fueron acalladas. Entonces miré a los grandes editores de periódicos, que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, fueron reducidos al silencio, ahogados a la vuelta de pocas semanas. Sólo la Iglesia permaneció de pie y firme para hacer frente a las campañas de Hitler para suprimir la verdad. Antes no había sentido ningún interés personal en la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración, porque sólo la Iglesia ha tenido la valentía y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral. Debo confesar que lo que antes despreciaba ahora lo alabo incondicionalmente».
Chaim Azriel Weizmann (1874-1952), químico británico, primer presidente del Estado de Israel (febrero 1949-abril 1951). Fue líder del movimiento sionista, al que imprimió moderación. En política se mantuvo cercano a la Gran Bretaña y era partidario de la acción diplomática.
«La Santa Sede está prestando su poderosa ayuda allí donde puede para mitigar la suerte de mis correligionarios perseguidos».
(1943).

«Las reiteradas intervenciones del Santo Padre a favor de las comunidades judías en Europa han provocado los más profundos sentimientos de aprecio y gratitud de los judíos de todo el mundo».

«En las horas más difíciles por las que han atravesado los judíos de Rumanía, la generosa asistencia de la Santa Sede fue decisiva y saludable. No es fácil para nosotros encontrar las palabras adecuadas para expresar el calor y el consuelo que experimentamos gracias a la preocupación del Sumo Pontífice, quien ofreció una gran suma de dinero para aliviar los sufrimientos de los deportados judíos… Los judíos de Rumanía nunca olvidarán estos hechos de importancia histórica».
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«Hemos oído cuán gran papel ha desempeñado el Santo Padre en la salvación de los refugiados judíos en Italia y sabemos por fuentes fidedignas que este gran papa ha logrado extender su poderosa y acogedora mano a los oprimidos de Hungría».
Discurso en el Madison Square Garden del 31 de julio de 1944.
Yitzhak HaLevi Herzog (1889-1959), polaco de nacimiento, Gran Rabino de Irlanda entre 1921 y 1936, Gran Rabino de los Azhkenazi entre 1936 y 1948 (bajo el Mandato Británico) y Gran Rabino de Israel desde 1948 hasta su muerte. Su hijo Chaim Herzog fue presidente del Estado de Israel entre 1983 y 1993 y su nieto Isaac Herzog es miembro del Knesset.
«El pueblo de Israel nunca olvidará lo que su Santidad y sus ilustres delegados, inspirados por los principios eternos de la religión, que constituye el verdadero fundamento de la civilización, están haciendo por nuestros infortunados hermanos y hermanas en la hora más trágica de nuestra historia, lo cual es una prueba de la acción de la Divina Providencia en este mundo».
Moshe Sharett (1894-1965), político y estadista judío de origen ucraniano. Participó en las negociaciones entre el movimiento sionista y el Mandato Británico de Palestina que llevaron a la fundación del Estado de Israel. Primer Ministro de Israel entre 1953 y 1955.
«Le dije [al Papa] que mi primer deber era agradecerle y, a través de él, a toda la Iglesia Católica de parte del público judío por todo lo que han hecho enlos distintos países para salvar a los judíos… Estamos agradecidos a la Iglesia Católica».
«Agradezco a Su Santidad de parte de la comunidad judía de Inglaterra por haber salvado decenas de miles de judíos».

«Deseo aprovechar esta oportunidad para rendir homenaje al papa Pío por su llamado a favor de las víctimas de la guerra y de la opresión. Él proporcionó ayuda a los judíos de Italia e intervino a favor de los refugiados para aligerar sus pesadas cargas».
Golda Meir (1898-1978), política, diplomática y estadista israelí, ucraniana de nacimiento. Fue primera ministro del Estado de Israel entre 1969 y 1974 por el Partido Laborista. De familia judía tradicionalista, ella misma no era religiosa, pero respetaba las formas. Su gran triunfo fue la Guerra del Yom Kippur (1973).
«Compartimos el dolor de la humanidad (...). Cuando el terrible martirio se abatió sobre nuestro pueblo, la voz del Papa se elevó en favor de sus víctimas. La vida de nuestro tiempo se enriqueció con una voz que habló claramente sobre las grandes verdades morales por encima del tumulto del conflicto diario. Lloramos la muerte de un gran servidor de la paz ».
Telegrama de condolencias por la muerte de Pío XII enviado al Decano del colegio Cardenalicio, cardenal Eugenio Tisserant, en octubre de 1958.

«Pido un minuto de silencio por la muerte de un auténtico gran hombre: el papa Pío XII».

«Más que ninguna otra persona, hemos tenido ocasión de experimentar la gran bondad y magnanimidad del papa durante los infelices años de la persecución y del terror, cuando parecía que para nosotros no habría ninguna salvación. La comunidad israelí de Roma, donde siempre ha sido muy vivo el sentimiento de gratitud por lo que la Santa Sede ha hecho a favor de los judíos romanos, nos autoriza a referir de manera explícita la convicción de que cuanto hizo el clero, los institutos religiosos y las asociaciones católicas para proteger a los perseguidos, no puede haber tenido lugar sino con la expresa aprobación de Pío XII».

«La Iglesia Católica, bajo el pontificado de Pío XII, fue decisiva en la salvación de al menos 700.000, pero probablemente tantos como 860.000 judíos de una muerte segura a manos de los Nazis».
¿Por qué no tendríamos que creerles?